EL CHANTAJE ELECTORALISTA: UNA CRÍTICA #ANARQUISTA
El denominado chantaje electoralista es una de las formas más sutiles y, a la vez, más efectivas de dominación política en las democracias representativas. Consiste en imponer a la ciudadanía la falsa disyuntiva de elegir entre lo malo y lo peor, bajo la amenaza de que abstenerse o votar por opciones marginales favorecerá el triunfo del adversario más temido. Así, el voto deja de ser una expresión libre de convicciones y se convierte en un instrumento de coacción ideológica. Desde la óptica anarquista, esta práctica revela el verdadero rostro del poder político: la perpetuación de la obediencia mediante el miedo y la manipulación.
El chantaje electoralista es un tema muy polémico en el seno de los movimientos de izquierda. Hay quién lo defiende como una estrategia pragmática para evitar el ascenso de fuerzas reaccionarias, mientras otros lo critican por perpetuar la dependencia de los partidos. Para el #anarquismo, sin embargo, la cuestión es concluyente, ya que nuestros principios se oponen a la participación en las instituciones estatales. Desde esa perspectiva, el chantaje electoralista es visto como una traición a la autonomía y a la acción directa. Por ello el tema genera intensos debates y fracturas en los espacios políticos alternativos.
Mijaíl #Bakunin denunció que el Estado, incluso en su forma más democrática, es una estructura destinada a reproducir jerarquías y desigualdades. En su Estatismo y Anarquía, advertía que la participación electoral no emancipa al pueblo, sino que lo ata más firmemente a los intereses de las élites. El chantaje electoralista encarna precisamente este mecanismo: se le dice al ciudadano que debe votar por el “mal menor” para evitar el desastre, pero nunca se le permite imaginar un horizonte de libertad más allá de las urnas. La democracia parlamentaria se convierte así en un círculo vicioso donde las mismas fuerzas de dominación se alternan sin cesar.
Emma #Goldman también señalaba con contundencia la inutilidad del voto como herramienta de emancipación. En su ensayo “Las falsas esperanzas del sufragio” explicó que el acto de votar solo legitima instituciones que, en esencia, están construidas para preservar el orden capitalista y patriarcal. El chantaje electoralista reproduce esta lógica: el miedo a la “peor opción” se utiliza para reforzar el statu quo, garantizando que el sistema nunca sea cuestionado en su raíz.
Errico #Malatesta, por su parte, subrayaba que la libertad no se conquista delegando poder, sino ejerciéndolo directamente en la acción colectiva. La insistencia en acudir a las urnas bajo amenaza de catástrofe política debilita la capacidad de organización autónoma de las personas. En vez de fortalecer la autoorganización comunitaria, la solidaridad y la acción directa, el chantaje electoralista concentra la energía social en rituales periódicos que solo benefician a los partidos y a las instituciones estatales.
Desde esta perspectiva, el chantaje electoralista no solo es una estrategia de manipulación política, sino también un freno activo al desarrollo de una conciencia emancipadora. Al reducir el campo de lo posible a una dicotomía entre gestores del mismo sistema, se sofoca la imaginación social y se desalienta la construcción de alternativas radicales. El miedo al “peor enemigo” se convierte en un dispositivo disciplinario que asegura la continuidad del orden establecido.
Frente a esta dinámica, el pensamiento anarquista propone la ruptura con la lógica del voto y la apuesta por formas de autoorganización horizontales. La cooperación libre, el apoyo mutuo y la acción directa constituyen caminos para desactivar la trampa electoralista y recuperar la capacidad de decidir sobre nuestras vidas sin intermediarios. Como diría Bakunin, la libertad solo puede nacer de la práctica misma de la libertad, nunca de la delegación en estructuras que reproducen la dominación.
En conclusión, el chantaje electoralista es un mecanismo que limita la libertad individual y colectiva al imponer decisiones basadas en el miedo y no en la convicción. Frente a esta imposición, la tradición anarquista invita a rechazar las falsas promesas del sufragio y a construir espacios autónomos donde la voluntad popular pueda expresarse sin coacción ni jerarquías.
Vía Periódico #Extemadura libre