#datocurioso
¿Sabían que el uso de perfumes para emular aromas florales en lugar del olor biológico de nuestra propia especie responde a un fenómeno sociocultural conocido como la "cultura desodorizante", la cual clasifica el aroma natural del mamífero como una imperfección?
Desde una perspectiva biológica, el olor corporal humano es una herramienta de comunicación compleja que transmite información sobre el estado inmunológico, el ciclo hormonal y los niveles de estrés a través de compuestos como los ácidos grasos oxidados o el 2-nonenal. Sin embargo, a partir de finales del siglo XIX, se consolidó una construcción moral del olfato donde lo "bueno" se equiparó con lo vegetal o mineral, y lo "malo" con lo animal. Esta transición fue impulsada por la teoría de los miasmas, que sostenía que los malos olores eran vehículos de enfermedades, llevando a las sociedades industriales a invertir recursos masivos en suprimir el rastro químico natural del cuerpo.
La paradoja radica en que, mientras gastamos fortunas en fragancias de jazmín o lavanda para distanciarnos de nuestra naturaleza mamífera, la industria de la perfumería de lujo utiliza frecuentemente notas de base de origen animal, como el almizcle, el ámbar gris, orina de roedor o la civeta, para otorgar fijación y una "calidez" que el cerebro humano reconoce subconscientemente como atractiva. De este modo, el perfume moderno no elimina nuestra animalidad, sino que la reemplaza por una versión sintetizada y socialmente aceptable que permite la interacción en entornos de alta densidad poblacional sin la carga informativa del olor corporal crudo.
#Antropología #Biología #Historia #Perfume #Sociedad #Evolución #zoologia #higiene #salud