Cuando el bosque huele a ropa limpia
Hace un tiempo que vivo en Alemania. Aunque aquí no tengo la naturaleza tan impresionante que tanto disfrutaba en Chile, sí disfruto de las caminatas por el bosque. Después del año nuevo caminaba junto a mi marido cuando pasó una persona corriendo. Casi nunca me fijo en el resto de la gente, pero más que mirar a la persona que corría, llamó mi atención el agradable aroma a ropa limpia que iba dejando. Luego en el camino, con cada persona que nos cruzábamos, empecé a notar que olían a ropa limpia y a un agradable olor a detergente. Con mi marido pensamos que era coincidencia, que quizás todos compraron alguna oferta de detergentes de fin año o quizás por coincidencias todos lavaban su ropa en la misma lavandería.
Pero me pareció demasiada coincidencia que la gran mayoría de las personas con las que nos cruzamos en el bosque olieran a un agradable perfume de detergente de ropa. Me pregunté si este hecho era solo casualidad o había un motivo especial, así que me puse a buscar información.
Y encontré una vieja leyenda germánica que decía que lavar, colgar y secar ropa durante el tiempo entre los años era tabú. Aunque no tengo ninguna certeza de que la leyenda tenga relación con que la gente olía bien en el bosque. Me pareció una interesante leyenda para contar.
Cuenta la leyenda que si se lava la ropa en esos días de fin de año en que las noches son largas, los espíritus podían enredarse en la ropa tendida y descargar su ira sobre las familias. En la tradición germánica a estas noches se le conocen como Rauhnächte, son los días entre Navidad y Reyes entre el 25 de diciembre y el 6 de enero. La superstición sostenía que durante esta época el mundo espiritual se abre y las fronteras entre el más allá y este mundo se difuminan.
La leyenda dice que, los jinetes fantasmales deambulan durante los doce días de Navidad. Estas son almas inquietas, a menudo malditas, que, como fantasmas o demonios, cabalgan por el cielo o los bosques de noche. Cuentan las viejas historias que roban las sabanas que se colgaron para secar y que las devuelven al año siguiente como mortajas. Esto significa que un miembro de la familia podría morir.
Además, se dice que si las mujeres cuelgan ropa blanca corren peligro, ya que los espíritus podrían verse atraídos y las pueden atacar. Por lo tanto, no solo no se debía lavar la ropa, sino que el tendedero debía retirarse por completo entre Navidad y Año Nuevo. Y para protegerse de los malos espíritus en las casas y graneros se hacían rituales de purificación con inciensos y hierbas.
Bueno, si lo pienso bien, antiguamente no había lavadoras, ni secadoras. Con las bajas temperaturas que hacen en invierno, tener que lavar la ropa a mano y colgarla para que se seque con el viento debió ser no solo agotador, sino que requerir mucho tiempo. En esas condiciones de fin de año, es comprensible que una leyenda sirva para evitar esa dura tarea.
Las tradiciones son algo que se vive en muchas partes del mundo. Las personas pueden creer o no en viejas leyendas, pero con los años se siguen practicando estas costumbres que no son simples supersticiones, sino tradiciones culturales profundamente arraigadas. Por supuesto que no tengo la certeza que las personas que vi en el bosque apagaron las lavadoras y después que pasaron esos días de tabú todos lavaron sus ropas y por eso olían a un agradable olor a ropa limpia. Pero independientemente de si la gente aún cree o no en los mitos tradicionales, puede ser beneficioso dejar de lavar ropa a finales de año y aprovechar este tiempo para disfrutar de días de relax en familia. Además, incluso contribuyes al medio ambiente, ya que menos ciclos de lavado con tambores más llenos ahorran energía y recursos.
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