Caballeros del #fantasíaparadummies
Capítulo 930: Cuando lanzan su ataaaque...
Volvemos a la carga armándonos de valor para ir #CazandoClichés. En esta ocasión, versión Frankensteiniana: Soy artífice de mi propia destrucción.
Si bien podría ser un esquema, tropo, prototipo o como quieras llamarlo, cuando se ve venir de lejos y es burdo, yo lo metería dentro de los clichés.
Este tipo de narración se suele vincular a la creación, al inventor que cae bajo todo el peso de la monstruosidad que ha desarrollado; aunque no es la única manera.
Antes de que las consecuencias de la Revolución Científica del siglo XVII disparase la mente de figuras tan relevantes como Mary Shelley al observar el avance imparable que la Revolución Industrial trajo a Reino Unido desde el siglo XVIII, ya se había explorado esta idea. No obstante, no provenía de una creación per se, sino de la causalidad.
La capacidad de tomar decisiones nos puede precipitar a todo tipo de finales, pero una parte de los mismos entra dentro de lo que serían las profecías autocumplidas. Si bien en el mundo clásico esto era tal cual, en épocas posteriores no se tiene tan en cuenta el trabajo de las moiras sino de nuestras propias decisiones.
Ser artífice de tu destrucción es traer el drama estando sobre alerta de que ello puede pasar, pero no querer aceptar las consecuencias.
En gran medida, es un tema de hybris, de la arrogancia tan habitual en los mitos clásicos y de la que ya hablamos con Aracne y Marsias en el capítulo 659.
Cuando los dioses y el destino pierden fuerza, es decir en los albores del individualismo liberalista; las decisiones son lo que cuentan. Ahí es cuando el genio sale de la botella: NO PUEDES CULPAR A NADIE MÁS QUE A TÍ. Ese es el verdadero drama. No hay escapatoria ante esa certeza. No puedes externalizar la responsabilidad.
Y es que las obras de género son maravillosas para trabajar esta narrativa. Por un lado, puedes usar la #fantasía para darle a los motivos una dimensión mayor, dramática, terrible. Por otro, puedes optar por la #CiFi que aprovechando el racionalismo que destila, remarca la idea y ahonda especialmente en la responsabilidad que alguien que crea tiene sobre su obra. Por último, tratarlo desde el #terror ahonda en las consecuencias, en la ruptura de la mente por la culpabilidad, en esa escena catabática de dolor inenarrable.
Lo malo de usar un cliché es que es fácil que destaque entre la maleza, es como un unicornio en un pozo petrolífero. Así que lo importante es que si lo abrazamos, sepamos darle una dimensión adicional y especialmente, no creer que estamos inventando el fuego.
Pues eso.
Cuídense.