Me acuerdo
Me acuerdo de Perec se inspira en el libro de Joe Brainard en título, forma y espíritu pero he leído que esta forma de contar los recuerdos fue un género popular, a veces con sección propia, en los periódicos de los EEUU.
Me acuerdo de los chavales que hacían breakdance en la rotonda de las Esclavas. Llegaban cargando con un tronco de sintasol enrollado y el mejor casete que había visto en mi vida. Siempre había alguien que decía, imagino que retándolos, que no podían dar vueltas sobre la cabeza porque lo prohibieran por las muertes y otro que rosmaba, cuando empezaban a recoger, que aquello era gimnasia no baile.
Me acuerdo… no, en realidad no recuerdo nada del 23F aunque la mayoría de mi generación habla de que a pesar de su edad tienen un recuerdo muy vívido por no ir al colegio y la extraña programación de la televisión.
Me acuerdo cuando nos hacían la prueba de la tuberculina y como días después los positivos marchábamos juntos a Sanidad, cerca del Observatorio. Los otros niños nos llamaban tuberculosos y nosotros les pegábamos y les tosíamos en la cara. Aún conservo amigos de aquellas marchas: «Somos los tuberculosos, los que más, los que más nos divertimos…»
Me acuerdo que en 4º de EGB hicimos una biblioteca con libros de casa. Cada viernes una fila distinta de clase era la primera en escoger, los Super Humor eran los primeros que desaparecían. En aquella estantería metálica gris fue donde descubrí el mejor libro del mundo: «El zoo de Pitus», «El apoyo mutuo» para niños dispersos.
Me acuerdo las manualidades de rascar en un espejo las imágenes del Che o el Cristo de «Se busca» (como juraba con la corona de espinas). Después una persona mayor le tenía que aplicar el ácido y el rascador se tenía que alejar hasta el otro extramo de la habitación y perderse el milagro de la aparición.
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