BANCARROTA HÍDRICA: EL PLANETA AGOTA SU ÚLTIMA GOTA DE CRÉDITO
Un informe histórico de la ONU declara la quiebra de los sistemas acuáticos globales. Hemos agotado los ahorros milenarios y vivimos en un presente seco que hipoteca el futuro.
© PNUD/Ab Rashid Una mujer recoge agua en el distrito de Satkhira, en Bangladesh occidental, afectado por la sequía
20 de enero de 2026 | Por el equipo de Humanidad y Medio
(Tiempo de lectura: 6 minutos)
La Tierra ha llegado a un punto de no retorno. No es una metáfora: es una declaración contable de la naturaleza. Según un informe sin precedentes de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), el planeta ha entrado oficialmente en una era de “bancarrota hídrica global”. La humanidad no solo ha gastado el ingreso anual de ríos y lluvias, sino que ha saqueado sin miramientos los ahorros acumulados durante milenios en glaciares, humedales y acuíferos. El resultado es una cartera de activos acuáticos quebrada: acuíferos compactados irremediablemente, lagos convertidos en fantasmas topográficos y deltas que se hunden en el mar.
“Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito. El saldo ya es negativo”, explica el Dr. Kaveh Madani, autor principal del informe, en declaraciones exclusivas para Humanidad y Medio. “Muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas. Ahora pagamos una factura que no podemos saldar”.
La Auditoría del Derroche: Cifras de un Colapso
La “auditoría global” presentada por la UNU pinta un panorama desolador, con números que certifican la quiebra:
· El 75% de la población mundial vive en países donde el agua es escasa o insegura.
· Más de la mitad de los grandes lagos y embalses del planeta se están secando a un ritmo acelerado.
· 2.000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden literalmente, debido a la sobreexplotación de las aguas subterráneas.
· En los últimos 50 años, se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea, los grandes depuradores y reservorios naturales del planeta.
Esta crisis es el fruto amargo de un progreso insostenible. Una agricultura intensiva que consume el 70% del agua dulce, un crecimiento urbano e industrial desmedido, la contaminación de las fuentes y, catalizando todo, unas emisiones de gases de efecto invernadero que han alterado el ciclo del agua, imponiéndole intereses devastadores: sequías más largas, evaporación acelerada y patrones de lluvia erráticos e impredecibles.
Gota a Gota, el Colapso se Globaliza
La bancarrota hídrica no es un problema aislado. Es un riesgo sistémico que fluye por las venas del comercio mundial. Cuando los cultivos se secan en el Punjab o en California, la escasez viaja en los precios de los alimentos, golpeando la seguridad alimentaria en regiones distantes y desestabilizando economías.
“El agua que falta aquí, se nota en la comida de allá. Esto ya no es una crisis local, es una falla geopolítica y económica de primer orden”, advierte el Dr. Madani.
¿Existe un Plan de Rescate para el Agua?
Frente a un escenario de aparente sequía de esperanzas, el informe no se limita al diagnóstico catastrófico. Hace un llamado urgente a la “gestión de la quiebra”. Esto implica, según los expertos, renegociar radicalmente nuestro contrato con la naturaleza:
- Transformar la agricultura: Adoptar masivamente sistemas de riego de precisión y cultivos adaptados a la aridificación.
- Reparto justo y gestión inteligente: Implementar políticas que prioricen el uso equitativo y eficiente del recurso menguante.
- Blindar los ecosistemas “productores” de agua: Proteger y restaurar los humedales, bosques y acuíferos que aún mantienen cierta capacidad de regeneración.
La Conferencia del Agua de la ONU 2026, que se celebrará en los próximos meses, se presenta como la oportunidad crítica para orquestar este “rescate hídrico global”. El mensaje final de los científicos es claro: aunque no podamos llenar de nuevo los acuíferos agotados, aún estamos a tiempo de proteger cada gota que queda. La bancarrota está declarada, pero la liquidación total aún puede evitarse. Depende de si aprendemos, por fin, a vivir con el agua que nos queda.
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